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LauburuLa mitología vasca, considerada una de las más ricas de Europa, recoge los mitos y leyendas de los territorios de toda Euskal Herria (País Vasco, Navarra y País Vasco Francés) de antes del cristianismo. Es una mitología matriarcal, teniendo como diosa principal a una mujer, Mari, algo que ocurre en contadas ocasiones. Las leyendas de esta mitología han dado origen a diversos lugares mágicos donde se cree que viven seres mágicos, han sido lugar de Akelarres, o han albergado acontecimientos inexplicables.

Amalur

Amalur (Madre Tierra, en español) es una diosa vasca superior a todas las demás; representa a la Tierra y ella hace que sea posible habitar en ella. Ella es la que otorga los alimentos y el lugar necesarios para vivir. La fe en este ser se remonta a la época anterior de la invasión de los pueblos indoeuropeos, lo que nos da a entender que su fe es muy antigua.

Existen leyendas que dicen que en el interior de la Tierra existen tesoros increíbles que los humanos intentan continuamente robarlos. Por eso, es costumbre dejar ofrendas a Amalur en las cuevas y simas vascas ya que se dice que estas son las puertas al interior de la tierra.

Mari

Mari o Maddi es la diosa principal de la mitología vasca y epifanía de Amalur y todos los demás seres son inferiores a ella. Habita en las montañas de Euskal Herria, aunque la más famosa y por la que se le conoce es el Anboto (Amboto, en castellano), de ahí que en múltiples ocasiones se la denomine “Anbotoko Mari” (La Mari del Anboto).

Mari es la personificación femenina de la Madre Tierra y es por ello que representa a la reina de la naturaleza y de todo lo que tenga que ver con ella. Es por ello que maneja los cambios climáticos, que pueden ser beneficiosos o dañinos, y entre sus quehaceres se encuentra castigar la mentira, el robo y el orgullo. Como podemos observar, en su figura convergen funciones que en otras mitologías aparecen dispersas o repartidas en diferentes genios y númenes.

Los cambios atmosféricos se producen dependiendo de donde se encuentre esta divinidad femenina; y es que a pesar de que su morada principal sea el Anboto, como ya hemos dicho, puede alojarse en cualquiera de las cuevas de las montañas vascas. Se cree que cuando Mari se encuentra en Anboto llueve en masa; cuando se encuentra en Aloña, sin embargo, hay sequía pertinaz y cuando se aloja en Supelaur (Gorbea, Orozco), se recoge abundante cosecha.

Normalmente se representa con cuerpo y rostro de mujer con cabello largo y rubio que peina con un peine de oro a la luz del sol, aunque no es extraño verla con forma híbrida de árbol o como una mujer con patas de cabra o ave rapaz. También ha sido representada como una mujer de fuego, un arco iris o un caballo que empuja a las nubes. Suele vestir muy elegante, casi siempre con vestidos verdes.

Tiene como pareja a Sugaar o Maju y como hijos a Mikelatz (hijo perverso) y Atarrabi (hijo bondadoso), quienes representan el bien y el mal.

No se sabe muy bien el origen de Mari y existen diversas leyendas al respecto; unas son puras leyendas y otras, en cambio, se entremezclan con la historia. A continuación os mostraré la leyenda que siempre me han contado, y que por tanto, apoyo:

Hace muchos años existía una familia que deseaba con todas sus ganas tener un hijo, pero no lograba concebirlo. Por eso, la joven mujer invocó al diablo y le rogó quedarse embarazada. La condición que le puso el diablo fue que a la edad de veinte años se llevaría a la criatura; la mujer, a pesar de la condición, aceptó el trato. De ese embarazo nació una niña preciosa que fue criada con mucho amor. Cuando iba a cumplir los veinte años, la madre la encerró en una caja de cristal con la finalidad de que el diablo no se la llevase. Sus esfuerzos fueron en vano, ya que desde entonces Mari habita en los montes de Euskal Herria.

Eguzkilore

Una leyenda que tiene relación con esta diosa es la de flor Eguzkilore; y es que cuenta la leyenda que la gente tenía mucho miedo de Gaueko, el dios de las tinieblas, quien comía pastores y ovejas. Es por ello que le pidieron ayuda a la diosa vasca Amalur (Madre Tierra). Esta les bendijo con la luz de su primera hija, Ilargi (luna), pero su luz no era suficiente, y por tanto, esta les bendijo con una segunda hija, Eguzki (sol). Sin embargo, la noche seguía siendo peligrosa, y al final Amalur bendijo con su protección a cualquier casa que tuviese en la puerta una Eguzkilore. De esta manera, si algún espíritu maligno quisiera entrar en la casa, tendría que pararse a contar los innumerables pelos de la flor, y el día llegaría mucho antes de que el espíritu acabase con su cuenta.

Sugaar

El genio Sugaar es una enorme y terrible culebra macho que habita en las profundidades de la tierra y sale a la superficie por simas o cuevas. En Azkoitia (Gipuzkoa) se le considera marido de Mari, la diosa de la mitología vasca, y los viernes cuando se juntan los dos, surgen increíbles tormentas. En Betelu (Nafarroa) es considerado como un diablo malignoEn Ataun (Gipuzkoa) cuentan que cuando los hijos e hijas no obedecen a sus padres, Sugaar aplica terribles castigos. En algunos lugares se le ha divisado cruzando el cielo como un rayo, con la cabeza y la cola ardiendo.

Este personaje mitológico se parece a Herensuge, pero Sugaar es más antiguo. Parece ser que a medida que Sugaar perdía fuerza en las creencias populares, Herensuge la iba ganando, ya que las menciones a Sugaar se conservan en lugares aislados en donde no hay referencias del nuevo genio.

Lamia

Este ser mitológico femenino vivía en las cuevas, estanques o ríos vascos y los hombres se enamoraban de ellas, así como ellas de ellos. Ayudaban a los agricultores en sus labores e incluso servían de ayuda a la hora de construir puentes o castillos. Sin embargo, su comportamiento no era del todo positivo ya que en ocasiones raptaban a hombres y en el caso de negarse a ayudarlas, hacían el mal.

La idea que se tiene de las lamias no es del todo segura porque dependiendo de la fábula, éstas se comportan de una manera u otra. Algunas apuntan a que son seres superiores a los humanos y que por ello, en su honor, los humanos deben hacer todo tipo de sacrificios; otras, por el contrario, afirman que se les puede manipular a través de objetos o amuletos.

Se representan como mujeres bellas con pies de pato, y se caracterizan por peinar sus largos cabellos con peines de oro. Entre sus labores, encontramos la de hilar con rueca y huso, construir dólmenes, puentes y casas y lavar la ropa por la noche.

Entre sus alimentos favoritos, encontramos el pan, el tocino (son grandes amantes de las grasas) y sidra, alimentos que exigen a las personas tras haberlas ayudado. Los amantes, en cambio, les obsequian con pan, cuajada y leche.

Son grandes defensoras de la honradez y contrarias al fraude y por ello, cobran los impuestos no declarados de los labradores.

Como curiosidad, es necesario que cuando una lamia esté muriendo, la vea antes una persona humana y recite una plegaria ante ella. De otro modo, no puede morir. Así, cuando alguna esté agonizando, reclamará a una persona.

Galtzagorriak

Galtzagorri (calzones rojos, en castellano) son seres mitológicos masculinos minúsculos que visten, como su propio nombre indica, pantalones de color rojo. Se caracterizan por ser hábiles, vivaces, juguetones, auxiliadores y muy trabajadores. Su dueño los guarda en un alfiletero o en una caja pequeña y necesitan cumplir siempre las órdenes de su superior, sean cuales sean.

Una vez que el dueño abre el alfiletero o la cajita, estos saltan a su cabeza, comienzan a dar vueltas sobre ella y le preguntan continuamente cuál es el trabajo que deben realizar. Trabajan por la noche y para cuando la primera luz de sol ilumina, estos ya han acabado su tarea.

Para conseguir a estos duendecillos lo que se debe hacer es lo siguiente: la víspera de San Juan, se debe dejar un alfiletero o una cajita encima de una maleza y al amanecer, los galtzagorri se habrán introducido en ella.

Además se dice que cuando adivinos, brujos o curanderos realizan algo increíble, estos seres minúsculos han estado detrás.

Iratxo

Hoy en día el término hace referencia al duende en general, pero lo cierto es que las antiguas leyendas vizcaínas lo usaban para un personaje mitológico en particular. Iratxo es un genio travieso pero no malvado que se aparece por las noches y da sustos. Si alguien le persigue, este le lleva por barrancos, precipicios y otros lugares peligrosos. Suele vivir en cavernas y pozos.

También es un gran defensor de la honestidad ya que encontramos el dicho que dice: “lo mal ganado, es por iratxo exprimido”.

Mayormente se representa con forma humana, pero puede adoptar la forma de animales como por ejemplo: de burro, de carnero negro o de pájaro que lanza fuego.

Sorgina

Las sorginas, es decir, brujas vascas, eran mujeres que conocían los secretos de la procreación y nacimiento y por ello, realizaban el oficio de matronas. Asimismo, eran conocedoras de los secretos de las plantas y de sus usos medicinales, por lo que también podemos definirlas como curanderas. Además, gracias a su conexión con el mundo espiritual, era frecuente que actuasen como consejeras, oráculos y sacerdotisas.

Son seres malignos que están a las órdenes del diablo conocido en la comarca vasca como “Akerbeltz” (cabra negra en castellano). Se caracterizan por poseer poderes sobrehumanos y tendencias malignas y en ocasiones se les ha acusado de destruir cosechas, averiar molinos y ferrerías, de enfermar o hacer morir a alguien, hundir barcos y muchos más.

Participan en reuniones nocturnas, de nombre akelarre, donde echan males de ojo y maldiciones. El nombre de akelarre (prado del macho cabrío), viene de un prado del mismo nombre, en Zugarramurdi (Navarra), donde se celebraban dichas reuniones. En este tipo de reuniones adoraban a Aker y bebían pócimas hechas con hierbas. En los aquelarres bailaban con música embriagadas y tenían relaciones sexuales grupales. La alegría y el goce, características de la vida llevada por estas mujeres, formaban parte de muchas de estas celebraciones y esto fue algo que la Inquisición cristiana se encargó de destruir. De ahí, que se conozcan innumerables casos de “brujas” en Vasconia.

No existe una única manera de convertirse en bruja; y es que una persona se puede convertir en sorgina por haber dado tres vueltas a una iglesia, por no haber sido bien bautizada, por haber heredado ropa de alguna de ellas, haber tenido algún tipo de contacto con ellas etc.

Uno de los poderes más famosos de las sorginak es el poder volar; esto lo conseguían frotándose con un ungüento y recitando la siguiente frase: "sasi guztien gainetik eta hodei guztien azpitik" (por encima de todas las zarzas y por debajo de todas las nubes).

Akerbeltz

Como ya hemos mencionado anteriormente, este genio toma la forma de un macho cabrío de color negro, como su nombre indica (aker, macho cabrío y beltz, negro). Sin embargo, no siempre muestra su lado maligno; cuando el bueno es mostrado, adquiere características bien parecidas a la gran diosa Mari, convirtiéndose así en jefe de otros genios.

Cuenta la leyenda que Akerbeltz protege a todos los animales que estén a su cargo, e incluso que tiene poderes sobrehumanos que le permiten curar las enfermedades que estos puedan llegar a tener. De hecho, de ahí viene la costumbre de que en los baserris o caseríos se tenga un macho cabrío, imprescindiblemente negro, para que este proteja a los animales domésticos que se crían en el lugar.

Como la mayoría de los cultos vascos, todo apunta a que proviene de mucho tiempo atrás; o por lo menos así lo demuestran las inscripciones romanas del siglo III encontradas en Aquitania con la palabra “Aherbelste”, que según afirman los sabios lingüistas, está directamente relacionada con este genio. En dicha inscripción se hace referencia a un dios que se adoraba en esa época, el dios que lidera y que protege a los demás seres. Este mismo pudo ser el genio que adoraban las Sorginak ‘brujas’ durante los siglos XVI-XVII.

Como ya hemos visto arriba, Akerbeltz o Aker lidera las reuniones de las brujas, los akelarres, y es en ese mismo momento donde muestra su lado oscuro. Estas celebraciones tenían lugar todos los lunes, miércoles y viernes. En ellas adoraban a este ser que lideraba la insurrección contra la religión y el orden establecido, defendiendo así las antiguas creencias relacionadas con la espiritualidad de la naturaleza. Es decir, que esto solo confirma lo que ya sabíamos: que la caza de brujas que llevó adelante la Inquisición durante los siglos XVI-XVII fue una represión contra un pueblo, o más bien contra un grupo de personas, que se posicionaron a favor de las costumbres antiguas y creencias espirituales.

Gaueko

Su nombre quiere decir literalmente “el de la noche” y como se puede suponer, es el genio de la noche, o la personificación de la misma. De hecho, un dicho ancestral nos dice “el día para los del día, y la noche para los de la noche”; es decir, el día es para las personas y la noche es para los espíritus de la noche. La casa es como un templo, en donde las personas se sienten protegidas, pero la noche es de los espíritus y no permiten que las personas realizan ciertas labores durante la noche, de lo contrario, caerán en sus garras.

Castiga, sobre todo, a quien burlándose de los espíritus, trata de hacerse el valiente en la oscuridad de la noche. En algunos casos hace sentir su presencia mediante una ráfaga de viento mientras pronuncia la frase que hemos citado antes: “la noche para Gaueko, el día para el del día”.

Eate

Eate, Egate, Ereeta u Orots es el genio de la tempestad, del fuego, las grandes riadas y los vientos huracanados. Cuando se aproximan alguno de estos fenómenos, se puede escuchar su fuerte voz avisándonos de los desastres venideros. Sin embargo, este genio no es conocido en toda Euskal Herria; solo se conocen leyendas en la comarca del Goiherri y Azpeitia en Guipuzcoa, y en Arakil en Navarra.

Su nombre "eate" parece ser que proviene de "errete" (incendio) en euskera, por lo que en un principio pudo ser el genio del fuego. Cuando hay un incendio en un bosque o se quema cualquier edificio, las llamas sinuosas representan los mechones de su barba que suben a los cielos tormentosos donde habita él.

Aideko

Aideko, Aide, Aidetikako o Aidegaxto es el genio del viento y es por ello que la traducción al castellano de su nombre sería “el del viento”. Proviene del aire, de un mundo que desconocemos, sobrenatural. Este genio suele ser un genio negativo que entorpece las acciones humanas, pero puede haber situaciones en las que actúe a nuestro favor.

Es considerado el resposable de todas las enfermedades y desgracias cuyas causas se desconocen; por tanto, si no conocemos e origen de una enfermedad, es probable que Aideko esté detrás.

Este ser mitológico está incluido en innumerables leyendas por toda Vasconia, como por ejemplo en Zerain y Zegaman (Guipúzcoa), donde se cuenta que fue él mismo quien trajo el cólera a mediados del siglo XIX en forma de nubecilla baja, o en la provincia de Labort (País Vasco Francés), donde se cree que Aidegaxto, forma maligna de Aideko, crea y dirige las tormentas. Como pasa también con otros personajes, es conocido por todo el Pirineo y el norte de la Península bajo otros nombres.

Para actuar contra la influencia de esta fuerza sobrenatural, ha de hacerse uso de la magia y la oración ya que los métodos naturales no tienen efecto alguno.

Herensuge

El nombre Herensuge quiere decir, literalmente, dragón en euskera. Se le conoce por otros nombres también, como por ejemplo, Lerensuge, Errensuge, Herainsuge, Ersuge, Sierpe, Dragoi etc.

Es muy conocido en todo el País Vasco ya que aparece en incontables leyendas en: Sara, Zugarramurdi, Donibane-Lohizune, Ezpeleta (Labort), Errenteri, Zaldibia, Ataun (Guipuzcoa), Zubiri (Navarra), Lekeitio (Bizcaya), Uhart-Mixe (Baja Navarra), Camou (Sola) y en otros muchos

Es un genio diabólico que aparece en forma de una gran serpiente, en ocasiones de hasta siete cabezas, y es por ello que la segunda parte de su nombre, suge, significa culebra. Habita en cuevas y sólo sale para saciar su hambre. Algunos relatos cuentan que su comida favorita son los animales domésticos que pastan en los alrededores de su cueva a los cuales los atrae con su aliento. Según otros, en cambio, se alimenta de carne humana, y muchas de las leyendas mencionan que exige en los pueblos de su entorno que le faciliten una persona de vez en cuando para saciar su hambre, de modo que se tranquilice y tranquilice así también a la población, al menos por un tiempo.

Basajaun

Basajaun quiere decir literalmente, “el señor de los bosques”, quien es dueño de todos los bosques del País Vasco. Suele vivir en lo más profundo del bosque, así como en las cavernas que allí se encuentran. Se representa con un enorme cuerpo humano, cubierto de grandes cantidades de pelo. Tiene una larga cabellera que le llega hasta casi las rodillas, lo que hace que tape todo su rostro, pecho y vientre. Como curiosidad, tiene solo un pie de humano, ya que el otro pie es una pezuña con planta circular.

Basajaun es el protector del bosque y de la naturaleza y especialmente cuida rebaños. Es por ello que cuando se acerca tormenta o se encuentran lobos alrededor, avisa mediante aullidos a los pastores para que puedan poner a sus rebaños a salvo.

Las ovejas pueden percibir si este ser se encuentra cerca y cuando lo hacen comienzan a hacer sonar sus respectivos cencerros y así los pastores pueden estar tranquilos porque saben que el rebaño va a estar protegido de cualquier mal.

No obstante, en muchas ocasiones, se le representa también como un ser terrorífico de carácter maligno, con mucha fuerza y agilidad. Otras veces, en cambio, representa al primer agricultor, al primer herrero o al primer molinero. Lo que sí es cierto es que es experto en todos estos oficios y que el hombre, aprovechándolo, robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y la técnica para soldar metales.

Tartalo

Tartalo es un cíclope o genio maligno de un solo ojo que se dedica principalmente al pastoreo. Siempre se le ha tenido mucho miedo a este ser y es que es compresible, ya que es antropófago y por tanto, secuestra a los jóvenes del pueblo para después comérselos.

Probablemente este personaje derive de la mitología clásica grecorromana, transformando el lugar “Tartaro” en el genio terrible que hoy conocemos.

Jentil

Los jentiles eran habitantes de las tierras de Vasconia mucho antes de la llegada del cristianismo; cuando este fue introducido en tierras vascas, se fueron a vivir a lugares alejados de la población creyente. Vivían aislados de la civilización pero nunca tuvieron problemas con los cristianos, vivían en paz con ellos.

El nombre “gentil” viene de la palabra latina “gentil”, que significa no creyente; de hecho, gentil es como se le llamaba al no creyente en general.

Eran hombres gigantes y muy salvajes que poseían una fuerza fuera de lo normal; esto les dotaba de la capacidad de lanzar enormes piedras a grandes distancias. De hecho, existen innumerables peñascos con el nombre de Jentilarri (piedra del Jentil), por ejemplo, en Arrankudiaga (Vizcaya), en Mutriku (Guipúzcoa), en Azkoitia (Guipúzcoa), en Aralar (entre Guipúzcoa y Navarra).

También se les atribuye la construcción de innumerables túmulos y dólmenes prehistóricos por toda Euskal Herria y se les considera los creadores de los monumentos megalíticos en general. Al igual que Basajaun, se les han considerado en diversas ocasiones como primeros mineros, herreros y molineros, así como los primeros en cultivar trigo.

Maide

Maide, maindi, mairi, mairu o intxitxu son personajes mitológicos que, al igual que los jentiles, representan a los vascos primitivos no creyentes, anteriores al cristianismo. En Donibane Garazi (Saint-Jean-Pied-de-Port), Baja Navarra, se les denomina “mairu” a las personas no creyentes, no bautizadas o de origen árabe.

Son seres nocturnos que se introducen en las casas por las chimeneas. Tienen aspecto humano y en ocasiones se les presentan como compañeros de las ya mencionadas lamias. Entre sus actividades, destaca la de construir dólmenes.

A un brazo desecado o a un hueso del brazo de mairu se le atribuyen virtudes misteriosas: en una leyenda de Saint-Jean-Pied-de-Port, al hueso de un niño muerto sin bautismo, de niño no cristiano, se le denomina Mairu-beso (brazo de Mairu), y se utiliza como antorcha para alumbrar de noche y sirve para adormecer a los habitantes de la casa.

Olentzero

Puede que os suene este nombre, ya que sería el equivalente de Papá Noel en el País Vasco. En su origen, parece ser que se denominaba Olentzero a una época del año y después se le llamó así a un personaje mitológico. A continuación lo veremos, pero la imagen que tenemos de este personaje hoy en día no tiene nada que ver a la de hace siglos:

En muchos lugares de Guipúzcoa y en el noroeste de Navarra se le denominaba Olentzero a un peculiar carbonero que vivía en una cabaña de la montaña. En Nochebuena, cuando se acostaban los habitantes de la casa, entraba por la chimenea a calentarse, y por ello, para ese día debía estar la chimenea impoluta. En algunos pueblos ese día sacaban un muñeco hecho de paja y trapo, y lo quemaban en la plaza. En otros lugares, un joven se vestía de carbonero y salían grupos de jóvenes a pedir por el pueblo.

Tanto el tronco que arde en la chimenea como el muñeco que arde en la plaza el día de Nochebuena están relacionados con el fuego, y como en la hoguera de San Juan, en el fondo, parece estar detrás la celebración pagana del solsticio. Y es que hay que recordar que el pueblo vasco ha vivido durante mucho tiempo aislado y que siempre ha estado muy cercano a la naturaleza, y por tanto a todos los elementos que la componen. Pero este personaje mitológico se ha adaptado a las costumbres cristianas, y como dice su canción: "Olentzaro viene en Nochebuena con la Buena Nueva, ha nacido el niño Jesús".

Existen muchas leyendas y costumbres sobre este personaje, la mayoría un tanto aterradoras. En Leiza se acogía muy bien a Olentzero, ya que era él quien se encargaba de que en las casas no faltase pan. Por ello, en este pueblo ponen en las fachadas de las casas, la noche del 24, un muñeco de paja que representa a Olentzero. Según dicen en Baraibar, en víspera de Navidad el personaje hace carbón en la carbonera que tiene en un monte cercanoEn Elduaien los niños y niñas asan castañas para ahuyentar con el sonido del 'danbolin' (instrumento de percusión) al personaje, ya que suele entrar esa noche en las casas por la chimenea, y si esta no está limpia termina con los todos los habitantes con la hoz que porta. En Berroplano dos días antes de terminar el año decían: “Ez zaitezte kalera irten, bihar, urteak egunak hainbat begi dituen gizon bat etorriko baita”, es decir, “mañana no salgáis de casa, porque llegará un personaje con tantos ojos como días tiene el año". En Areso asustaban a los niños y niñas diciendo que ese día no salieran de casa porque Olentzero vendría con una hoz para cortarles el cuello. En Oiartzun y Bidasoa se le consideraba un personaje bueno, pero se decía tuvieran cuidado ya que venía borracho y sucio de carbón.

Hoy en día, por el contrario, y quizás por el interés de las grandes empresas, Olentzero es el carbonero bonachón que trae a niños y mayores los regalos en Nochebuena. Durante todo el año vive en su cabaña produciendo carbón, y cuando llega la Navidad, cargado con un saco lleno de regalos y junto a su burro, va de casa en casa repartiendo felicidad. Trae regalos al que se ha portado bien durante el año, y carbón para el que no. Esta costumbre de traer regalos nació entre los años 70-80 del siglo XX, con el fin de que los niños y niñas vascas tuvieran un personaje autóctono al que esperar en víspera de Navidad.

Como ocurre con otros personajes de Navidad, en los pueblos y ciudades se suele organizar una especie de "baserri" (caserio) donde se encuentra "Olentzero" y donde los niños van a pedirle los regalos que desean.

Mari Domingi

Mari Domingi es un personaje de la mitología vasca y, como Olentzero, hay que enmarcarla dentro de las fiestas navideñas, aunque probablemente, no hayáis oído mucho sobre ella. Representa la feminidad, la llegada del invierno y el nacimiento del nuevo año. Esto se debe a que antiguamente las personas vascas tenían muy en cuenta la influencia del sol, la luna y las estrellas y vivían en conexión con la tierra. Sentían cerca la naturaleza, la respetaban y vivían en armonía. Los ancestros vascos celebraban rituales y llevaban a cabo costumbres para despedirse del viejo sol, de los días más cortos, y dar la bienvenida al nuevo sol, a la llegada de los días más largos.

Mari Domingi es pastora (como buena vasca) y también se dedica a cultivar la tierra. Conoce muy bien el recorrido del sol y las fases de la luna, así como el uso de las diferentes plantas medicinales, al igual que las ya mencionadas sorginak o brujas vascas. Cerca de su chabola tiene un manzanar, por lo que no duda en cogerlas y preparar uno de sus platos preferidos: las manzanas asadas. Olentzero y Mari Domingi mantienen una gran relación como amigos y es por ello que los dos viven en el monte y sus chabolas están muy cerca la una de la otra. Se ayudan mutuamente, aportando cada cual lo que sabe y lo que tiene. En el pasado, en el solsticio de invierno, repartían carbón de casa en casa para ayudar a la gente de los pueblos a hacer frente al duro y frío invierno. Hoy en día, como las necesidades no son las mismas, llegan en la misma época para repartir juguetes a los niños y niñas de Vasconia, de los cuales muchos los hacen en casa porque son muy hábiles trabajando la madera.

Fuente: Erasmusu.com

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